De las materias primas a las energías renovables: La clave está en la receta
- ALERTA FX
- 25 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Nosotros creemos que puede ser todo lo contrario. En 2024, la inversión en energía limpia alcanzó un máximo histórico de 2.1 billones USD, más del doble que en 2020, según el informe «Energy Transition Investment Trends» de 2025 de BloombergNEF publicado a principios de este año. El transporte electrificado, las energías renovables y las redes eléctricas centraron la mayor parte de ese crecimiento. En los últimos cinco años, las alternativas limpias han superado a los combustibles fósiles, duplicando las tasas de crecimiento anual compuesto (gráfico 1). Esta evolución nos indica que la transición energética mundial sigue ganando terreno, aunque de forma desigual.
En EE.UU., el presidente Donald Trump no tardó en desmantelar las disposiciones clave de la IRA cuando asumió el cargo a principios de este año. En cuestión de días, firmó órdenes ejecutivas que suspendían el apoyo federal a iniciativas de energía limpia, paralizaban los desembolsos de fondos conforme a la IRA y revertían las regulaciones sobre emisiones y combustibles fósiles. Europa presenta un panorama igualmente complejo. En Alemania, las plantas de carbón se reactivaron temporalmente hasta 2024 para gestionar la escasez de gas causada por la guerra en Ucrania y la reducción de las importaciones rusas. Y China, el mayor emisor del mundo, sigue poniendo en marcha docenas de nuevas centrales eléctricas de carbón.
Sí, la transición ecológica se enfrenta a ciertos obstáculos regionales, pero, por lo que podemos observar, no se está paralizando a escala mundial. Otras grandes economías están intensificando sus esfuerzos para ayudar a cubrir los posibles vacíos ante la falta de liderazgo de Estados Unidos: la UE mantiene su firme compromiso con los objetivos climáticos generales, destinando más de 300.000 millones euros a través del Pacto Verde Europeo y REPowerEU a reducir la dependencia de los combustibles fósiles y potenciar las energías renovables. China está avanzando en dos vías paralelas: las centrales eléctricas de carbón se yuxtaponen con la incorporación de más de 216 gigavatios de capacidad solar y eólica solo en 2023, casi el doble de la capacidad instalada total del Reino Unido. Japón sigue adelante con su política de «transformación verde»18, que tiene como objetivo movilizar más de un billón de dólares en inversiones públicas y privadas durante la próxima década, centrándose en la descarbonización de la industria, la expansión del uso del hidrógeno y el amoniaco, y el impulso de las energías renovables.
En este contexto, las tecnologías maduras, como las energías renovables, las redes eléctricas o el transporte electrificado, cuentan con el respaldo de un favorable análisis de costes y beneficios, pues a menudo son económicamente viables sin subvenciones y altamente dimensionables, y revisten un riesgo tecnológico limitado. Como resultado, reciben la mayor parte de la inversión en transición energética, y esperamos que sigan creciendo a pesar de algunos obstáculos políticos.
La importancia del área upstream
La dimensión downstream de la transición (energías renovables, vehículos eléctricos, edificios ecológicos y tecnologías industriales limpias) ya se ha convertido en un componente fundamental de las carteras de renta variable global de numerosos inversores. Sin embargo, una transición ordenada hacia un mundo con cero emisiones netas requiere un uso intensivo de materiales y exige seguridad y estabilidad energéticas, al tiempo que se potencian las alternativas limpias. Por tanto, acertar en la parte upstream de la transición es crucial para el progreso general.
El camino hacia un sistema energético libre de carbono está literalmente pavimentado con metales (gráfico 2). Para construir un mundo con cero emisiones netas, necesitamos insumos upstream: las materias primas y las infraestructuras que hacen posibles las tecnologías limpias. Cobre, litio, níquel, cobalto y aluminio, o los «cinco grandes». Son componentes clave de los paneles solares, las turbinas eólicas, las baterías y las redes eléctricas, que no pueden existir sin ellos. No es de extrañar, pues, que se prevea un aumento de la demanda de estos materiales en los próximos años.

Comentarios